El día anterior habíamos llegado a Kyoto a media tarde y nos habíamos ido directamente al hotel. Este día iba a ser el día 1 en Kyoto realmente.
Empezamos el día temprano para descubrir uno de los lugares más icónicos de la ciudad: Fushimi Inari-taisha. Se trata de un santuario, en el que se dice que lo forman más de 30.000 toris pequeños. La estrategia de comenzar temprano resultó acertada para evitar las multitudes y disfrutar del impresionante túnel de toris que se extiende tanto en la subida como en la bajada. Durante el recorrido hay camino plano, y también escaleras. La experiencia fue muy interesante, aunque la subida se nos hizo más larga de lo esperado. No sabíamos que habría tantos toris y que el camino era tan largo -estuvimos prácticamente toda la mañana-. No se trata solo de hacer unas fotografías, sino que consideramos que lo interesante es vivirlo todo hasta la cima. Por lo tanto, nos quedamos con el hecho de haber disfrutado del camino, del proceso, y también de la naturaleza que lo rodea.

Al descender, nos dirigimos a la estación para tomar un tren hacia nuestra próxima parada, pero en el camino nos encontramos un establecimiento que ofrecía unas irresistibles brochetas de wagyu. De este modo, nos detuvimos para probar esta carne tan típica de Japón, la cual no nos defraudó. Y es que, estaba realmente muy sabrosa.

Posteriormente, nos sumergimos en el corazón de Kyoto. Exploramos el encantador barrio de Pontocho, muy tradicional y característico del Japón más antiguo. Y también fuimos a las históricas calles de Sannenzaka y Ninenzaka, repletas de vida y ambiente. Por la tarde, teniendo en cuenta la cantidad de personas que había, costaba incluso deambular a buen ritmo.

Finalmente, llegamos a Kiyomizu-dera Niomon Gate y Kiyomizu-dera, lugares que brillan especialmente cuando cae la noche. Es una zona que queda un poco en alto. Son templos bastante grandes que quedan relativamente cerca de la zona más histórica de Kyoto. Ciertamente, consideramos que merece la pena hacer esta visita. De hecho, en la medida que los templos japoneses son tan característicos, nos gustó poder observarlos detenidamente e incluso fijarnos en ciertos elementos de contraste entre ellos.

Después de un día de descubrimientos, pusimos rumbo al hotel a descansar y recargar energías para lo que Kyoto aún nos tenía reservado en los próximos días. Y así finalizó el día 1 en Kyoto.
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