No podíamos despedir Hiroshima de mejor manera que en el Onsen del hotel. Esta experiencia relajante de sumergirse en aguas termales ya la habíamos probado en el hotel de Osaka. Esta vez en Hiroshima volvimos a reservar un hotel con Onsen.
En nuestras dos experiencias con Onsen pudimos comprobar que el horario para poder acceder era desde la tarde hasta la mañana del día siguiente -durante toda la noche estaba abierto-. De este modo, al despertarnos accedimos al Onsen y disfrutamos de esta experiencia tan característica del país de Japón.
Acto seguido, dejamos la habitación y nos dirigimos hacia la estación de Hiroshima para emprender el viaje de Hiroshima a Tokio. El trayecto duró entre 4 y 5 horas. Ciertamente, se nos hizo largo, pero decidimos hacerlo así en lugar de viajar en avión, porque teníamos el JR Pass y el trayecto estaba incluido.
Nuestro alojamiento en Tokio fue un ryokan, un tradicional hospedaje japonés. La experiencia de dormir en futones sobre suelos de bambú nos conectó aún más con la autenticidad del país. Al llegar, nos instalamos rápidamente y salimos a explorar los alrededores del hotel.

Para la cena, optamos por una auténtica experiencia de barbacoa en un restaurante fusión entre el estilo coreano y japonés. La carne estaba riquísima, superando claramente nuestras expectativas.

Después del largo trayecto entre Hiroshima y Tokio, ese día estábamos cansados. Así, decidimos irnos a dormir pronto para poder recargar energías. Al día siguiente nos esperaba poder empezar a descubrir la ciudad de Tokio, sobre la cual teníamos puestas muchas expectativas. Además, queríamos probar bien la experiencia de dormir en un ryokan tradicional.
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