Había llegado el día de dejar Río de Janeiro y dirigirnos a Iguazú para ver una de las maravillas naturales del mundo. De este modo, amanecimos en Río de Janeiro, y después del desayuno, nos dirigimos hacia el aeropuerto para coger un vuelo interno hacia Foz do Iguaçu.
Al llegar, nos sorprendió la exuberante vegetación y el aire fresco que caracteriza a esta región. Tomamos un taxi hasta nuestro hotel y nos instalamos cómodamente en nuestra habitación.

La tarde la dedicamos al descanso y la relajación en el hotel. Aprovechamos la piscina y los exteriores del hotel, disfrutando del sol cálido y la tranquilidad del entorno.
A medida que el sol se ponía en el horizonte, decidimos ir y explorar el Marco de las Tres Fronteras. Nos dirigimos hacia este emblemático lugar, donde los ríos Iguazú y Paraná se encuentran, marcando los límites entre Argentina, Brasil y Paraguay. Quedamos maravillados por la vista panorámica y nos deleitamos con la belleza natural que nos rodeaba.

Por la noche, presenciamos el espectáculo que hacen en el Marco de las Tres Fronteras. Teníamos unas expectativas muy altas acerca del mismo, y probablemente por ello no nos agradó como hubiéramos pensado.
Después de pasar parte de la noche en terreno fronterizo, regresamos a nuestro hotel, listos para descansar y prepararnos para las aventuras que nos esperaban en los próximos días en las Cataratas de Iguazú. Había sido un día intenso pasando de Río de Janeiro a Iguazú.

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