Nuestra llegada a Gran Canaria fue un jueves por la noche -muy tarde-, por eso no hemos contado ese día para nuestra ruta. De este modo, nuestro itinerario fue de 3 días: viernes, sábado y domingo. El viernes, sin perder tiempo, nada más levantarnos nos dirigimos directamente a una de las playas más icónicas de la isla: la playa de las Canteras. Dimos comienzo a nuestro día 1 explorando Gran Canaria.
La playa nos recibió con su arena dorada y aguas no calmadas. Ese día hacía un poco de aire y decidimos no bañarnos, pero sí contemplar la brisa marina mientras escuchábamos el suave sonido de las olas. No estuvimos demasiado tiempo en esta parada.

Después decidimos explorar otro tesoro natural de la isla: las piscinas naturales de Agaete. Condujimos hacia el norte de Gran Canaria y nos encontramos con una maravilla de la naturaleza. Estas piscinas, formadas por la acción de las olas, nos dieron la oportunidad de nadar en aguas tranquilas, a excepción de una de ellas en la cual entraba un oleaje mayor y la experiencia fue de menor relajación.

Nuestro siguiente destino fue el encantador pueblo de Agaete, ubicado cerca de las piscinas naturales. Caminamos por sus calles nada densas, rodeadas de casas tradicionales, y se respiraba un ambiente de tranquilidad. Nos detuvimos en una acogedora cafetería local y disfrutamos de un delicioso café canario mientras admirábamos las vistas de la plaza del pueblo.

Continuamos nuestro viaje hacia el cercano Puerto de las Nieves, conocido por su hermoso paseo marítimo y el imponente Dedo de Dios, una formación rocosa icónica. Cabe destacar, que el Dedo de Dios ya no tiene la forma parecida a un dedo, debido a que en 2005 se rompió a causa de una gran tormenta.
Más allá de esto, esa tarde estuvimos deambulando por el paseo marítimo, disfrutando de la brisa marina, de las vistas al océano Atlántico, y observando cómo salían barcos hacia otras islas de las Canarias.
Se estaba tan a gusto que decidimos bañarnos en la playa donde se encuentra el Dedo de Dios, la playa de Guayedra. Se trata de una playa llena de piedras, y por ello recomendamos acceder con escarpines. Nosotros no llevábamos y nos arrepentimos. De todos modos, resistir el leve dolor al pisar con los pies en las piedras supuso conectar con la naturaleza y dar peso a lo tangible.
Con el corazón lleno de recuerdos y el sol poniéndose en el horizonte, nos dirigimos de regreso a nuestro alojamiento. Mientras nos adentrábamos en la noche, buscamos un sitio donde cenar que quedara de camino y encontramos una pizzería que nos encantó.
Este fue nuestro día 1 explorando Gran Canaria. No podemos esperar a descubrir más tesoros escondidos y seguir llenando nuestro diario de viaje con aventuras inolvidables.
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