Nuestro viaje a Jordania empezó desde el aeropuerto de Barcelona. Hicimos escala en Roma, teniendo en cuenta que llegamos un viernes más tarde de las 23 horas, y nuestro vuelo a Amman no salía hasta el día siguiente hacia primera hora de la mañana. Así que hicimos noche en el aeropuerto de Roma. Este fue el punto de inicio antes de nuestro primer día en Jordania.
Algo que valoramos mucho de los viajes es el poder conocer a otras personas, y eso sucedió en esa noche; surgió una amistad con una pareja que curiosamente también iba a Jordania haciendo exactamente la misma ruta aérea que nosotros. Curiosamente, muchos de los viajes que habíamos hecho en el pasado, ellos también los habían hecho, e incluso algunos exactamente el mismo año.
Al llegar al aeropuerto de Amman, en nuestro primer día y primer contacto con Jordania, compramos una SIM y cambiamos algo de dinero -dinar jordano-. Un trabajador de la agencia donde habíamos contratado el coche de alquiler nos llevó desde el aeropuerto hasta sus oficinas, y ahí cogimos el coche. Para conducir en Jordania, oficialmente es necesario el permiso de conducción internacional. Aún y así, desde la agencia nos trasladaron que las autoridades del país no nos pedirían ese permiso -y efectivamente, en las diversas ocasiones que nos pararon no nos lo pidieron-. En cualquier caso, recomendamos tener el permiso de conducción internacional, ya que, a pesar de que en la práctica podáis tener la misma experiencia que nosotros, desde un punto de vista legal se debe llevar y podría ser exigible.
Como llegamos a Amman hacia el mediodía, fuimos a comer los cuatro a una ciudad que se llama Madaba. Antes de llegar ahí, nos dimos cuenta al conducir que habían bastantes resaltos asfaltados y sin diferenciación del resto de la carretera. A pesar de que estaban señalizados, estaban en carreteras donde no esperábamos encontrarlos por la velocidad a la que se podía circular; así que hay que estar atentos para identificarlos. Por otro lado, también observamos justo al llegar al núcleo urbano que, ante una densidad de tráfico moderada, se produce cierto caos en la conducción. En cualquier caso, sería solo una primera aproximación a ese caos.
Comimos en un local de la ciudad de Madaba. Nos costó comunicarnos, ya que no hablaban ni entendían el inglés. Nos sentimos observados continuamente, pero no nos sentimos incómodos en ningún momento. Después de comer, nos tuvimos que separar los cuatro, ya que la pareja a la que habíamos conocido tenía una ruta planificada diferente a la nuestra. Nos volveríamos a encontrar al final del viaje, aunque nos mantuvimos comunicados durante todos los días del mismo.
Nosotros pusimos rumbo al Monte Nebo. El acceso no estaba incluido con el Jordan Pass. Dimos una vuelta y al final del recinto se pueden contemplar unas vistas interesantes. No obstante, ese día no se visualizaba muy bien porque había cierta calima, e intuíamos que hacia el fondo había el Mar Muerto, tierras jordanas e israelitas. En ese punto, donde predomina el paisaje árido, fuimos totalmente conscientes de por fin ya estar en Jordania. Y es en ese momento donde aparece ese «cosquilleo» que representa la ilusión de toda una semana a la que le depararán múltiples descubrimientos y vivencias. Apareció ahí, contemplando las vistas desde el Monte Nebo.

Después de ello, fuimos hacia nuestro hotel cerca del Mar Muerto. Descubrimos que para cambiar de sentido en las autovías no se debía salir de la misma y buscar la entrada hacia el otro sentido, sino que en determinados momentos se habilitaban zonas por la izquierda, donde los coches se podían parar y cambiar directamente de sentido haciendo un giro completo. Eso tuvimos que hacer para acabar llegando a nuestro alojamiento.
Acabaríamos nuestro día sentados cerca de la piscina del hotel, escuchando la música del bar del hotel, y tomando una bebida fresquita. Tocaba descansar por primera vez en tierras jordanas después de nuestro primer día en Jordania.

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