Habíamos dormido en la Línea de la Concepción y ahora poníamos camino hacia nuestra próxima parada, la zona de Tarifa. Queríamos ver la Isla de las Palomas, las Dunas de Bolonia y alguna playa bonita cercana, así que nos dirigimos a pasar un día en Tarifa.
Tardamos aproximadamente 45 minutos en llegar a la Isla de las Palomas. Un sitio muy curioso donde se unen el Mar Mediterráneo y el Océano Atlántico. En esta zona se pueden apreciar muy bien las diferencias entre un mar y otro, su oleaje, su forma, su color, etc.

Quisimos ir a la playa de Río Jara, seguimos las indicaciones y llegamos a un camping. El acceso era a través del camping, con lo cual no pudimos llegar a la playa puesto que el acceso era privado.
Después, nos acercamos a Playa Chica. Una playa muy larga y tranquila. No había casi nadie y pudimos estar muy tranquilos. La única pega es que hacía bastante aire.
También fuimos a ver la playa de Valdevaqueros, perfecta para hacer surf ya que hay más olas y aire. Es diferente a las demás porque a lo lejos puedes identificarla al verse muchas cometas volando.
Seguimos por Punta Paloma. Nos sorprendió que antes de llegar al pequeño aparcamiento de tierra donde aparcamos, vimos unas dunas desde la carretera. En el asfalto de la misma habían partes de arena, generando un paisaje que nos transportaba mentalmente hacia zonas desérticas. Después de aparcar, fuimos precisamente andando hacia las dunas. Surgió nuestro espíritu más juvenil, tirándonos desde arriba de las dunas hacia abajo, y disfrutando de ese momento único. Desde las dunas se puede acceder a la playa, y por lo tanto, nos remojarnos un poco.


La última parada del día fue en Playa Bolonia. Si nos gustó Punta Paloma, Playa Bolonia nos fascinó. Fuimos andando por la orilla del mar hasta llegar al inicio de la cuesta, donde empiezan las dunas. Al ya estar cansados de todo el día, se notaba que flojeaban las piernas. No obstante, la ilusión de llegar a la cima de las dunas y ver lo que fue un paisaje asombroso, hizo que sacaramos fuerzas donde no habían. Desde lo alto nos estiramos, escuchamos el ruido de la leve brisa, y palpitamos la arena. Es bonito encuadrar ese momento y lugar con fotos para el recuerdo.
Era Octubre y no había prácticamente nadie. La sensación de paz y tranquilidad de este lugar merece pasar unas horas allí.

Bajamos todas las dunas y nos mojamos los pies. El agua estaba un poco fría y no nos atrevimos a bañarnos.
Vimos atardecer allí y luego ya nos fuimos hacia el hotel.
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