Íbamos a continuar nuestro viaje en Jordania con una experiencia única en el desierto. La tarde anterior nos habíamos sumergido en la belleza de las dunas intentando bajarlas con skateboard. Y habíamos pasado la noche en acogedoras cabañas locales en pleno Wadi Rum. Despertamos temprano para presenciar el impresionante amanecer sobre las extensiones del desierto, y disfrutar de un día en el desierto y en Little Petra.
Después de disfrutar del amanecer, hicimos un tour privado para explorar los lugares más destacados de la zona. Visitamos la famosa «piedra en forma de champiñón», una formación rocosa curiosa y única. También recorrimos los impresionantes barrancos, cañones y maravillas naturales del desierto, inscripciones, y dunas de diferentes tonalidades. Tampoco os podéis perder el puente Um Fruth y ver los camellos en libertad.


Así, durante la mañana vivimos esta emocionante aventura en un vehículo 4×4, recorriendo las dunas y disfrutando de la adrenalina que nos ofrecía el paisaje desértico. Cada ascenso y descenso de montañas arenosas era vivido por nosotros intensamente. Y no solo eso, las vistas sobre todo desde puntos con cierta altura eran espectaculares. El hecho de proyectar la vista hacia el fondo y solo contemplar desierto, e incluso hacer un giro de 360º y exclusivamente observar ese paisaje árido, nos hizo sentir que estábamos en un lugar especial. Para nosotros, al ser un paisaje tan poco común teniendo en cuenta donde vivimos, lo consideramos efectivamente un paisaje y una experiencia especial.

Al finalizar nuestra aventura en el desierto, regresamos al punto donde habíamos dejado nuestro vehículo fuera del desierto, y nos pusimos en marcha hacia nuestro siguiente destino: Petra. Tardamos aproximadamente 2 horas en llegar.
Llegamos a Petra por la tarde y comenzamos nuestra exploración visitando Little Petra, que es una maravilla arqueológica menos conocida pero también impresionante. Fue una visita muy rápida -tardamos alrededor de 1 hora-, pero las dimensiones del lugar no tienen nada que ver con Petra, y por lo tanto, sin entretenernos pudimos completar nuestra visita en Little Petra.

Después de haber explorado el desierto y haber visitado Little Petra, nos dirigimos al hotel. Allí una familia local muy simpática nos preparó una cena tradicional riquísima. Nos llevamos esta experiencia en el corazón por la combinación de dos elementos: primero, por poder probar genuinamente alimentos típicos de Jordania; y segundo, porque la integración, amabilidad y conexión que tuvimos con esa familia supuso una experiencia inesperada, y que sin duda perdurará en el recuerdo.
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