Antes de viajar a Colombia habíamos recibido comentarios de personas conocidas acerca de la seguridad en Colombia. Estos comentarios iban en dirección a asociar el país con cierta peligrosidad. ¿Es realmente Colombia un país inseguro o peligroso? El propósito de este artículo es tratar esta cuestión bajo nuestra experiencia. De este modo, se trata de un contenido que parte con un carácter subjetivo ineludible, y por lo tanto, se basa en nuestras vivencias, experiencias y sensaciones.
En general, nosotros no tuvimos sensaciones de inseguridad en Colombia. Es cierto que en alguna parte no nos sentimos absolutamente cómodos y la posición de alerta fue probablemente mayor. No obstante, esta no fue la tendencia del viaje.
Por ejemplo, en Cartagena de Indias estuvimos en un hotel que contaba con una azotea. La segunda noche estuvimos un rato ahí y más tarde subió el recepcionista, y en el transcurso de una conversación que mantuvimos con él nos fue explicando y señalando zonas que, bajo su opinión, debíamos evitar ir. Su argumento fue que incluso si iba él -persona autóctona- probablemente tendría problemas. De hecho, nos trasladó que en la zona turística no viviríamos experiencias negativas, pero que si nos alejábamos mucho de ella podríamos transitar por barrios susceptibles de evitar.
Nosotros nos mostramos prudentes y, teniendo en cuenta que prácticamente todo lo que queríamos visitar de Cartagena de Indias estaba situado en la zona turística, no deambulamos sin rumbo por las afueras de la zona de mayor afluencia. En este sentido, no tuvimos ningún problema. No sabemos si el hecho de habernos desplazado a los puntos que el recepcionista del hotel nos señaló hubiera comportado algún tipo de problema o no.
Por otro lado, nosotros cogimos un autobús desde Cartagena de Indias hasta Santa Marta. El autobús nos dejó de noche -prácticamente de madrugada- en una parada bastante alejada del centro. Tuvimos que pedir un taxi. Ciertamente, en un principio no nos gustó la idea de estar ahí a esas horas, siendo un lugar nada céntrico, y esperando durante bastante rato a un taxi. Lógicamente se notaba que éramos turistas, teniendo en cuenta las maletas que llevábamos. En cualquier caso, todo fue bien.
Siguiendo el relato acerca de la seguridad en Colombia, es pertinente poder exponer nuestra experiencia en el eje cafetero. Nosotros recorrimos esta parte de Colombia a través de coche de alquiler, y tampoco tuvimos ningún percance. Asimismo, nos alojamos en Salento, y en concreto en una zona muy retirada del centro. En este sentido, deambulamos por la noche por la localidad sin problemas. Es cierto que, probablemente por la aparición en la mente de las ideas impregnadas, no estábamos absolutamente cómodos, pero es pertinente insistir que a la práctica no tuvimos ninguna experiencia negativa.
Otra de las zonas visitadas fue la isla de San Andrés. Ahí, ya con el viaje más avanzado, nuestra percepción fue de mayor seguridad. Esto tiene una vertiente totalmente subjetiva. En cualquier caso, nosotros no estábamos en la zona más turística de la isla, y desde el hotel deambulábamos más de 20 minutos hasta esa zona a la luz del sol, pero también en la nocturnidad.
La última zona visitada fue la ciudad de Bogotá. El taxista que nos llevó desde el aeropuerto hasta el hotel nos estuvo explicando la gran diferencia entre el norte y el sur de Bogotá. De hecho, nos explicó que él había vivido la experiencia de ir en coche por el sur, llevar un teléfono móvil en el asiento del copiloto, y que con una piedra le rompieran la ventana del coche para llevarse el teléfono móvil. Probablemente esto no tiene rango de categoría, y por lo tanto, no se le puede atribuir habitualidad. No obstante, simplemente trasladamos lo que este taxista nos explicó.

Ciertamente, pudimos estar apenas día y medio en Bogotá. Nos quedamos con ganas de visitar el sur de la ciudad para conocerla, y más cuando desde el Cerro de Monserrate observamos la extensión de Bogotá, y vimos que las viviendas llegaban incluso hacia una zona montañosa. Queríamos más experiencias alrededor de Bogotá. Y a esto hay que sumarle que conocimos a un guía en el centro de Bogotá que vivía en el sur y hacía tours allí. Con respecto al próximo que hacía, por horario, no nos fue posible añadirnos. Y es que, nuestro vuelo justo coincidía con ese horario. De todos modos, creemos que hubiera sido interesante conocer esa parte de la ciudad, y tenemos la creencia que hubiéramos deconstruido muchos tópicos e ideas.
En definitiva, si bien habíamos recibido comentarios antes de viajar sobre la seguridad en Colombia con un componente no positivo, y también escuchamos durante el viaje relatos acerca de zonas inseguras de las ciudades visitadas en Colombia, nosotros no tuvimos ningún problema. Puntualmente no nos sentimos absolutamente cómodos, pero lo atribuimos a esa impregnación de comentarios que nos suscitaba cierta preocupación. En cualquier caso, la realidad vivida, que puede ser muy sesgada, particular y lógicamente totalmente subjetiva, fue positiva y con ausencia de percances.
Si quieres saber un poco más sobre nosotros, pulsa aquí.
En el apartado «Contacto» disponemos de un correo electrónico a través del cual nos podéis hacer llegar vuestros comentarios y/o dudas. También lo podéis hacer a través del apartado «Comentarios» de cada artículo.

Dejar un comentario